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José Pellicer: un ejemplo de humanidad

Por Frank Mintz

El libro restituye la rica personalidad de José Pellicer y sus dos hermanos Pedro y Vicente y es el fruto de numerosas investigaciones en bibliotecas y archivos oficiales y privados, como los de la familia Pellicer. Simultáneamente, Miquel Amorós evoca todas las fases importantes del periodo 1929-1942 a través de la región de Pellicer, Valencia y sus variopintas tendencias libertarias.

Síntesis de Fermin Salvochea (en la formación cristiana seguida al pie de la letra y el uso razonado de la violencia) y de Melchor Rodríguez (en el respetar al ex enemigo de clase durante el periodo revolucionario), José Pellicer, faísta, naturista, vegetariano y esperantista, era todo un ejemplo de humanidad. No encajaba ni con el marxismo leninismo del PC ni con el fascismo católico. Por eso, el segundo terminó con el fusilamiento la obra de calumnias del primero.

Muchísimos aspectos habría que destacar como "exigir la ampliación de la amnistía para todos aquellos presos sociales que permanecen en la cárcel y para los comunes derivados sociales, cuyo delito está basado en la desigualdad económica, y la anulación de todas las fichas antropológicas de los amnistiados y cumplidos" (1).

En los primeros días de lucha contra los golpistas en Valencia, José y sus compañeros del grupo Nosotros tomaron riesgos para preservar "todos los tesoros artísticos de la catedral y de la iglesia de los desamparados, llevándolos al Ayuntamiento y depositándolos en una habitación que fue tapiada" (p. 91), sin dejar de actuar por el nuevo régimen social en el sindicato de transporte (p. 93) y estar a la disposición del Comité de Defensa que mandó a José y sus amigos a conducir uno de los primeros camiones blindados construidos en la Unión Naval para atacar los cuarteles de militares insurrectos (p. 97).

Con talento el autor Miquel Amorós comenta que los hermanos José y Pedro Pellicer: "Diferenciaban al enemigo que combatían con las armas del particular indefenso y se compadecían de su drama personal. […] Desde el día siguiente a la sublevación los hermanos tuvieron que ayudar a los vecinos conservadores que solicitaron su amparo, llegando a esconder en casa a familiares o amigos de familiares perseguidos por pertenecer al bando perdedor" (2) […] (pp. 101-102)

Fiel a sus convicciones participó José en la liberación de todos los presos de San Miguel de Los Reyes y varios se alistaron en las columnas que estaban en formación. "Nosotros que siempre hemos culpado a la sociedad de todas sus debilidades, les consideramos como hermanos y con nosotros salieron a poner en juego su vida, y con nosotros lucharon por la libertad" (p. 102)

En la Columna de Hierro (nombre de la primera de CNT que salió de Valencia) José Pellicer tuvo que zanjar todos los problemas de la guerra y de la revolución: desde las mantas y el servicio sanitario hasta propagar el comunismo libertario en los pueblos, censurar a los desertores (p. 199), apelar a una disciplina colectiva e intervenir para ejecutar autoproclamados revolucionarios de la retaguardia que asesinaban a mansalva. Lo peor fue el paso de la libre elección para ir al frente de batalla a la militarización y al saboteo marxista leninista en los planos militar y social con el beneplácito casi constante de la cúpula de CNT¬FAI.

Todos estos episodios están pormenorizados en el libro de Miquel Amorós, así como el contexto valenciano y nacional.

Más consecuente que Durruti en sus críticas a la retaguardia y a todas las organizaciones sindicales y políticas, la Columna de Hierro (geográficamente cercana a la capital) intervinieron a mediados de septiembre de 1936 con actos concretos y simbólicos (quemas de los archivos de la Jefatura Superior de Policía, de la Delegación de Hacienda y del Palacio de Justicia). "[…] pedíamos la destrucción de todos aquellos documentos que representaban todo un pasado tiránico y opresor, ante el cual se rebelaba nuestra conciencia libre" (3). También liberaron los presos, incluidos los “fascistas” porque un celador dijo que "eran buenas personas" (p. 133).

José Pellicer, como Durruti también, no tenía la obsesión del complot de los socialistas científicos (4) y en el servicio médico de la Columna de Hierro "como enfermeras trabajaron milicianas, pero también monjas y prostitutas liberadas. Algunos de los médicos eran conocidos por sus ideas derechistas; para ellos trabajar para las milicias era un medio de evitar la cárcel. […] Pellicer destacaba en el trato humano a sus compañeros, pero la verdad es que era humano con todo el mundo" (pp. 128-129).

Tampoco dudó Pellicer en buscar en la retaguardia truhanes encanallados que hacían bajas y sucias fechorías "[…] siendo reconocidos por las personas a quienes habían robado, se les hizo justicia inmediatamente" (p. 148) Y este comportamiento se aplicó también a un ex cenetista del sindicato de la Construcción (Julio Madrid) que abusaba de su poder en un comité en la retaguardia para "exigir dinero o favores sexuales a cambio de su benevolencia" (p. 148). El poder sin control es diabólico y como escribió Bakunin en 1869 "en efecto los hombres no crean las posiciones; son las posiciones, al contrario, las que hacen a los hombres" (5). Los diferentes PC y la cúpula CNT-FAI de 1936-1939 (e incluso de 1945-1984) lo demostraron constantemente.

La Columna tenía un servicio de prensa casi cotidiano sin censura alguna y el autor reproduce con razón parte del articulo “la CNT gubernamental” con frases brillantes, como "los cuatros cargos de ministros desempeñados por individuos que jamás se preocuparon de los asuntos que ahora se les van a plantear" (p. 170). El periódico y la Columna se disolvieron antes de la caída del Gobierno de Largo Caballero, pero la verdad es que en comparación a Casares Quiroga, Azaña o Negrín, estos cuatro compañeros cumplieron bastante bien esa nueva función (y supieron elegir asesores competentes). Así mismo se puede comprobar cómo Cipriano Mera, Buenaventura Durruti, el mismo José Pellicer se convirtieron en pocos días en estrategas y jefes militares muy aceptables.
 
Discrepo del autor cuando da una opinión muy negativa de Cipriano Mera (pp. 225, 258) cuando la simple lectura del Acta del Pleno de Columnas Confederales y Anarquistas […] (http://www.fondationbesnard.org/article.php3?id_article=428) enseña que Mera fue mucho más severo y concreto en sus críticas contra el Comité Nacional y la CNT que todos los otros delegados (6).

Pellicer, herido y hospitalizado parte del año 1937, se encontró que parte de sus fieles compañeros no pudieron resistir más en el frente y desertaron. Les justificó en una carta a la cúpula de CNT-FAI reprochándole el abandono de los combatientes, el silencio sobre la situación y la infamia de acusar a compañeros revolucionarios (pp. 295-296). En otra carta consideró ya inútil mantener el grupo Nosotros y se dio de baja de la FAI (pp. 297-298).

Detenido en una checa del PC en noviembre de 1937 en Valencia, José Pellicer y algunos compañeros suyos fueron liberados el 31 de agosto de 1938. Y Pellicer pudo recuperar su puesto en el ejército. El final de la guerra no lo aprovechó José para irse a solas del país, se esforzó por ayudar a los amigos que huían y buscó a su hermano Pedro para poder salir juntos. Fueron detenidos pero no identificados hasta que un ex miembro de la Columna de Hierro convertido en falangista los denunció.

El cautiverio de torturas físicas y morales fue largo y el autor lo describe escueta y eficazmente hasta los fusilamientos de José y Pedro, Vicente el menor encontró la libertad en 1947.

Aludí a Melchor Rodríguez porque los numerosos testimonios de ex presos fascistas a su favor fueron numerosos y pudo evitar el paredón. Me parece que hubo casi tantos testigos derechistas a favor de José Pellicer, pero él tuvo un rol militar y revolucionario excepcional. ¡No encajaba con el fascismo católico ser bondadoso y responsable militar revolucionario!

José Pellicer no nos dejó sus reflexiones (como lo hizo Néstor Makhno en la triste emigración que vivió entre 1922 y su muerte en 1934). De hecho lo hizo en las cartas ya citadas, el silencio de la cúpula CNT-FAI ya había fusilado sus esperanzas.

El libro es excelente para los lectores que no tienen una visión de conjunto; para los que sí la tienen, se encuentran con dos libros en uno: una buena biografía y la crítica del autor sobre las desviaciones de la CNT-FAI. Aunque, en algunos aspectos puntuales, no creo que ayude a comprender algunos temas.

Por ejemplo todo el libro demuestra la obra colectiva que fue la Columna de Hierro, pero el título contradice la realidad con la frase "[…] fundador de la heroica Columna de Hierro" (y el adjetivo “heroico” no me parece que se usara durante la guerra). Otro ejemplo, "[…] Mares formó parte de los Sindicatos de Oposición antes de 1936, de los denominados “treintistas”, pero yo, que lo traté de cerca, puedo afirmar que no tuvo nada que envidiar de otros que se dicen anarquistas puritanos […]" (p. 342). Pero Miquel Amorós repetidas veces insiste en el sanbenito de “antiguo treintistas” (p. 117) o los reformistas de Alcoy, sin citar nunca que llevaron a cabo una impresionante obra de colectivización e industria militar autogestionadas, por no hablar de “Pancho Villa”, otro alcoyano que no encaja con la etiqueta que propaga el autor.

No son reproches graves porque la vida de José Pellicer como inspiración humana es tan fuerte que sólo podemos agradecer a Miquel Amorós el habérnosla restituido con tanto fervor. 
 

 

Notas

1 Dictamen del Congreso de la CNT en Zaragoza en mayo de 1936, p. 85, que correspondía a la militancia de José Pellicer desde 1932.
2 Persiste hasta hoy día la idea de “matarlos a todos” que sean sionistas, palestinos, talibanes, capitalistas, etc. Y en la práctica de la aniquilación se reúnen nazis, falangistas y curas franquistas, chekistas marxistas leninistas. Ningún socialismo puede salir de la locura asesina como lo demostraron los partidarios del socialismo científico con el colapso de la URSS. Cada ser humano puede evolucionar y sus hijos también son libres para elegir su camino. Una lección que pocos libertarios han asimilado.
consideramos como hermanos y con nosotros salieron a poner en juego su vida, y con nosotros lucharon por la libertad. (p. 102)
3 Manifiesto de la Columna de Hierro “A los trabajadores, a los revolucionarios, a los anarquistas” (p. 132).
4 Eliminación de parte de los cuadros “burgueses”, en parte en la URSS con la Cheka; de modo grotesco con los guardias rojas maoístas; todo a partir de un concepto idealista, antes medieval o directamente cretina que “marxista”.
5 Ver Bakunin Crítica y acción, Buenos Aires/ Canarias, 2006, p. 98.
6 Y la participación fundamental de Mera en la Junta de Casado demuestra que fue lógico en su actitud, si bien no controló a Casado ni impuso la drástica palanca de negociar con centenas de rehenes en las minas de Almadén para volarlos en caso de rechazo franquista. Escribir “Mera, perdonado por el dictador” es saltarse a la torera el fin de la segunda guerra mundial y las presiones sobre Mera para que apoye el fascismo católico, como se hizo con José Pellicer y Juan Peiró.
 

Reseña publicada en la web de la Fondation Pierre Besnard, septiembre 2010

 

  José Pellicer. El anarquista íntegro

22/09/2010 08:03:11