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En 1788, la convocatoria de los Estados Generales de Francia, tras un intervalo de más de un siglo y medio, permitió a Emmanuel Sieyès publicar Ideas sobre los medios de actuación de que podrán disponer los representantes de Francia en 1789, donde sienta las bases de su pensamiento político. Escribe Ensayo sobre los privilegios y el mismo año publica su celebrado panfleto: ¿Qué es el Tercer Estado? Comenzaba con la respuesta a la pregunta: «Todo. ¿Qué ha sido hasta ahora en el orden político? Nada. ¿Qué es lo que desea? Ser algo». El panfleto tuvo mucho éxito, y su autor fue admitido en los clubes y las sociedades más selectas de París. A pesar de ser sacerdote, optó por no sentarse con el clero en los Estados Generales y fue elegido como el último de los representantes del Tercer Estado por París.

La presente edición ofrece una antología de los tres principales escritos de Emmanuel Sièyes sobre la Revolución francesa de 1789, ya mencionados, y de otros más, realizada por el catedrático Ramón Máiz, traductor y especialista de uno de los principales teóricos al mismo tiempo que actor de la Revolución francesa.

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Emmanuel-Joseph Sieyès, conde de Sieyès (1748-1836), fue uno de los inspiradores de la Revolución francesa. Ingresado como sacerdote, pero sin vocación religiosa, fue un apasionado de las nuevas ideas revolucionarias y los problemas sociales de su tiempo. Su talento político lo llevó a jugar en la sombra un papel esencial. En vísperas de la Revolución, el abad fue elegido diputado del Tercer Estado de París, alcanzando la fama con un panfleto de propaganda revolucionario titulado: ¿Qué es el Tercer Estado?, publicado en enero de 1789, por el que convenció a los diputados del Tercer Estado para que proclamasen una Asamblea Nacional. Se le atribuye el texto del juramento del Jeu de Paume (20 de junio de 1789) y muchos otros escritos constitucionales. Mal orador, Sieyès votó a favor de la muerte del rey Luis XVI, pero permaneció en silencio durante los agitados meses de la Convención. A aquellos que le preguntaron más tarde qué había hecho como miembro del Parlamento durante este periodo de terror, ¡respondió lacónicamente: «Sobreviví». Como uno de los cinco miembros del Directorio, Sieyès se dio cuenta de que la República estaba finalmente condenada y dirigió su mirada a Napoleón Bonaparte, que acababa de regresar de Egipto, y estableció con él el Consulado. Sieyès, quien inspiró la Revolución en sus comienzos, tiene el privilegio de cerrarla también, diez años después, al llevar a Bonaparte a la cima del Estado, recibiendo como recompensa la herencia de Crosne y más tarde nombrado conde del Imperio.

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