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«¿Bebíamos tanto porque estábamos locos o enloquecíamos por beber tanto?». Lima Barreto, una de las plumas más inteligentes del Brasil de principios del siglo XX, fue siempre a remolque de sus sentimientos. Tras sus memorables trabajos literarios se escondían todos sus altibajos personales, que acabaron llevándole al alcoholismo, a la depresión y, de paso, al manicomio. El cementerio de los vivos –1920– es un viaje en línea recta hacia el interior del autor, mientras el autor vive experiencias que jamás hubiera imaginado que llegaría a vivir. Es la prosa sincera nacida de la mezcla de terror y comedia que esconde la locura –¿la locura es contagiosa?–; son las reflexiones de un cuerdo entre locos –¿y la cordura?, ¿es contagiosa?–. Estas páginas narran la historia de un puzle que tan rápidamente como se armó, se desarmó. Uno de los testimonios históricos más directos y crudos que se recuerdan en la literatura sudamericana. Sin trampa ni cartón.

Afonso Henriques de Lima Barreto. Río de Janeiro (1881-1922). Abandonó sus estudios como ingeniero mecánico para convertirse en funcionario público del Ministerio de la Guerra; posteriormente comenzó a trabajar como periodista en numerosas publicaciones. En 1909 y 1911 salen a la luz sus principales novelas, Recordações do escrivão Isaías Caminha y Triste Fim de Policarpo Quaresma. En 1914 es internado por primera vez en el manicomio, en 1916 es hospitalizado para tratar su alcoholismo y en 1918, jubilado prematuramente del Servicio Público por invalidez. Muere en 1922 víctima de un infarto. Otras obras destacadas: O homem que sabia javanês (1911), Vida e morte de M. J. Gonzaga de Sá (1919), Clara dos Anjos (1922) y Os Bruzundangas (1923, póstuma).

Lugar de enunciación - Djamila Ribeiro
Amar, verbo intransitivo - Mário de Andrade
Negra Desnuda Cruda - Mel Duarte
Siete vientos - Débora Almeida
Vida vertiginosa - João do Rio
Bangladesh, tal vez - Eric Nepomuceno

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