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Jann-Marc Rouillan: «Vivimos una época reaccionaria»


Por Álvaro Hilario

Toulouse, la capital de “la otra España”, fue el lugar donde Jean Marc Rouillan (Auch, Francia, 1952), adolescente y recién salido de las barricadas del 68, tomó contacto con la resistencia anarquista contra Francisco Franco para, con el tiempo, pasar él mismo al activismo armado contra la dictadura en las calles de Barcelona. Rouillan participó en la constitución, en los setenta, del Movimiento Ibérico de Liberación (Mil), los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (Gari) y, más adelante, de Action Directe (AD). En el Mil fue compañero de, entre otros, Salvador Puig Antich, el último preso político ejecutado por Franco.

Once de los 25 años que permaneció detenido los pasó en aislamiento. Desde 2011 está en libertad vigilada, obligado a pedir autorización judicial para abandonar Francia, y tiene prohibido hablar de los delitos por los que fue condenado y encarcelado. No puede, por ejemplo, hablar de AD. De hecho, cuando en 2007 salió de prisión en régimen abierto éste le fue retirado tras conceder una entrevista al semanario L’Express. “Sus palabras son peligrosas”, le espetó el juez en la vista donde se decidió su nueva pena.

Rouillan considera que su tarea actual consiste en “hablar, trasmitir experiencias y ayudar al debate y al conocimiento de lo vivido”. Estando preso escribió la trilogía
De memoria, cuyo tercer volumen acaba de editar en castellano la barcelonesa Virus. Aprovechando su estancia en el País Vasco, Jean Marc Rouillan conversó con Brecha, publicación a la que “los compañeros alemanes, con muchas relaciones con Uruguay”, lo suscribieron cuando estaba en prisión, según cuenta.


LIBERACIÓN
De memoria comienza en la Toulouse de 1970. Tiempos de compromiso, clandestinidad, de pérdida de compañeros a causa de la represión. “Cuando se lucha por la liberación de todos, uno, en su interior, experimenta también una increíble sensación de liberación. El sistema es autoritario, mortífero, triste o portador de falsa alegría… Combatirlo es el momento donde comienza la verdadera alegría, cuando sopla un nuevo aire de liberación. Más aun en tiempos en los que había un potente movimiento de masas que escapaba a los métodos tradicionales. Quizás tenga nostalgia de la autonomía de aquellos años, una autonomía que no era sectaria, no era de miras estrechas”, señala Rouillan. Aprovecha también para desmontar la imagen que se quiere dar de la guerrilla: “Los medios nos retratan como monjes armados. Son tonterías, propaganda antiinsurreccional. La realidad es todo lo contrario: hemos vivido momentos de liberación exultantes. Cuando estaba por escribir el tercer tomo de De memoria sobre 1974, aquel año en el que luchamos hasta ser encarcelados, uno de mis compañeros, Ratapignade, me escribió una carta en la que decía: ‘Nunca fui tan libre y feliz como en ese año de los Gari, del primer al último día’. Puede que los jóvenes no puedan entenderlo, pero en Francia los compañeros se jugaban la vida todos los días”.

En las páginas del libro son inevitables las referencias al Mln uruguayo: “Tanto para nosotros como para los compañeros de Italia y Alemania el Mln fue muy importante. Es cierto que nos habían trasmitido las experiencias de los cuarenta y comienzos de los cincuenta, pero los tupas estaban empuñando las armas en esos tiempos. Tenían, además, unos métodos de lucha que, amén de eficaces, eran populares, irreverentes, reflejaban la alegría de luchar y combatir al sistema. Leí los primeros textos editados en Francia sobre los tupamaros, al igual que hice con los de Marighella. Recuerdo uno aparecido en 1969 o 1970, Treinta preguntas a un tupamaro. Esos compañeros tuvieron una gran influencia en el desarrollo de la guerrilla en Europa occidental. Yo, por otro lado, pienso que el marco de lucha no radica en el Estado nación. En los textos de los tupamaros, desde un primer momento, se habla de internacionalismo y de la internacionalización de los conflictos”.


LEJOS
“Vivimos en una época reaccionaria. Francia está hoy como durante la ocupación nazi. Hay una visión cuasi fascista dominando la escena; se ha dado un golpe fascista en Ucrania; la Otan actúa a su antojo; Grecia puede estar en riesgo si toma medidas que van más allá de lo que el Fmi le permite”, dice. América Latina sigue siendo una de sus referencias. “Es interesante la lucha estratégica en estos países con gobiernos progresistas, con visiones que desde Europa podemos compartir aunque no vayan tan lejos como nosotros desearíamos”, afirma. “He visto en Venezuela que los compañeros que luchan hacen lo que pueden. Si Venezuela es derrotada, las consecuencias negativas van a ser para todo el actual proceso latinoamericano: Venezuela ayuda mucho a los demás países con, por ejemplo, el petróleo, y es víctima de sabotaje permanente, de intentos de golpe… Si Estados Unidos se apodera del petróleo venezolano, nunca más saldrá de allí. Sinceramente, no creo que la solución pueda darse en un solo país. En esta coyuntura, donde prima la geoestrategia, es muy posible que, en el plazo de un año, Uruguay, por ejemplo, pueda encontrarse en una situación de acoso como la que sufre Venezuela. El futuro de Argentina puede que también se esté jugando en Venezuela.”

Para subrayar sus opiniones, vuelve a casa: “Las revoluciones tal y como las hemos conocido han acabado, pero se preparan otras de naturaleza diferente”, dice. “Creo en la contradicción clásica entre derecha e izquierda. Me es difícil criticar a un gobierno de izquierda pragmática, como el venezolano. Quizás sea cierto que se puede hacer más de lo que se ha hecho. No soy, para nada, socialdemócrata, pero es difícil ir contra una izquierda que no ha traicionado a nadie, algo que, sin embargo, sí ha sucedido en Europa: aquí hemos tenido, por ejemplo, al Psoe, un partido que, además de traicionar, se ha visto envuelto en los asesinatos de la guerra sucia. No puedo dar lecciones a los latinoamericanos, porque son gente que lucha más que nosotros.”

“En Europa, en Ucrania, en Francia, los imperialistas han demostrado saber jugar la baza de los falsos movimientos populares. En el Maidan, por ejemplo, la principal fuerza militante y de acción estaba formada por gente de un partido que colaboró con los nazis. Ahora su papel es aparecer como demócratas. Los medios los presentan así, con la complicidad de parte del movimiento revolucionario que siempre contrapone o interpone la figura de Vladimir Putin para desentenderse del tema.”

Se niega a ser considerado un “apestado”. “Los burgueses quieren reducir la historia a un relato judicial, y en esa línea, cuando no han podido eliminar testimonios y testigos directos impiden que se hable. No quieren que la versión oficial sea contestada. Hay, por otro lado, una parte del movimiento revolucionario, esa que se ha quedado a la sombra del poder, que también espera que esa memoria desaparezca. Y están también quienes intentan obviar ciertas experiencias y medios de lucha. Pero la gente que participó en la lucha armada en la Europa occidental de los setenta y ochenta existe. Es gente normal, gente que está militando, no son demonios, son compañeros y con ellos se puede discutir de ideas, de acontecimientos. Son personas, no hay que tratar con ellos como si fueran apestados”, termina Rouillan

 

 

Entrevista publicada en el periódico uruguayo Brecha, el 3 de julio de 2015

 

 

 


 

17/07/2015 12:41:25