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Llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los que vendían y a los que compraban allí, volcando las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas; y no consentía que nadie transportase objetos atravesando por el templo. Luego se puso a enseñar diciendo: --¿No está escrito: «Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Pues vosotros la tenéis convertida en una cueva de bandidos».

Los sumos sacerdotes y los letrados se enteraron; como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su enseñanza, buscaban la manera de acabar con él (Mc 11, 15-18).

Dios es ateo - Enrique de Castro
Apocalipsis - D. H. Lawrence
Islam y desposesión - Luz Gómez (ed.)
Què hi fem, aquí? - Marilynne Robinson
Iglesia S.A. - Ángel Munárriz
Cristianismo de liberación - Michael Löwy