noticia

«Me espanta ese botón de Google que me dice que voy a tener suerte»

Ippolita es un grupo italiano de investigación sobre imaginarios tecnológicos. Parte de la base de que todos usamos tecnologías que no conocemos y, ante ello, la divulgación científica se convierte en algo necesario. Acaban de sacar el libro El lado oscuro de Google, publicado en la editorial Virus, bajo licencia Creative Commons.

Por Aritz Intxusta

Google se ha convertido en el cristal de las gafas con las que nos asomamos a internet. Pero ¿tiene dioptrías?, ¿refleja una imagen real de la red?, ¿hasta qué punto nos controla? K de Hipólita cree que lo que hace el buscador es mostrarnos lo que queremos ver. Para ello nos radiografía primero, trata de conocernos, para darnos justo lo que queremos. Posee información sobre todos nosotros. Y la información es poder.

Si Google tiene lado oscuro, ¿debemos tener miedo?

No se trata de una cuestión de miedos. En Ippolita pensamos que vivimos en un mundo de tecnología. Hasta la lengua, el idioma, es una tecnología. El mundo tecnológico es lo propio del ser humano. Ahora bien, si utilizas una herramienta y no sabes qué estás empleando, delegas en otro. Si todos delegamos, nos encontramos con una tecnocracia. Google es un ejemplo muy claro de lo que pasa en el mundo digital. Los usuarios tenemos ahora correos de diez gigas y un gran buscador. Pero no es gratis. El coste somos nosotros mismos, nuestra intimidad. Si escribes en un correo electrónico que te apetece un café y una galleta, pronto tendrás a la derecha publicidades de café. No decimos que Google sea malo o bueno, se trata de una cuestión de concienciación.

Bueno, resulta normal que te ofrezcan café. Google es una empresa que busca ganar dinero. Vivimos en el capitalismo.

Todas las empresas de internet tienen un interés comercial. El problema es que Google no se presenta abiertamente como una empresa de publicidad personalizada. El lema y la filosofía de Google es «Don't be evil», no seas malo. Presenta el capitalismo como algo amable y sigue con aquello de que la tecnología nos hará libres. Por ejemplo, la ventana de Google tiene un botón de «Buscar» y otro que dice «Voy a tener suerte». Me espanta ese segundo botón, el que acierte a la primera. Si lanzas una pregunta al buscador y en un microsegundo te ha generado un millón de respuestas y, encima, pone la que tu buscas la primera, eso quiere decir que te has vuelto completamente transparente para la máquina. Significa control sobre ti. El control implica, en cierto modo, dominación. No es un temor que nosotros nos hayamos creado, es una certidumbre sobre lo que está ocurriendo.

¿Entiende el hecho de que unas empresas multinacionales cada vez nos conozcan más como un primer paso para una sociedad más controlada?

No somos magos ni adivinos. Desconocemos el mañana. Lo que ahora vemos, lo que más nos choca, es que la gente quiere ser controlada. Las personas desean llevar siempre un iPhone en su maleta y estar localizados vía GPS, desean que Twitter pueda enviarles mensajes a cualquier punto donde se encuentren... ¿Cómo puede pensar la gente que hay empresas que van a darte tantos servicios a cambio de nada? Si mañana eres un sujeto interesante para alguien, una empresa, un gobierno... ¿por qué no van a venderles tu información personal? Si los usuarios no utilizan conscientemente una tecnología, la posibilidad de que estén controlados de forma continuada aumenta. Esto nos afecta a todos, porque hacen posible y rentable una tecnocracia con metodologías y prácticas ensayadas y válidas.

¿Existen alternativas a Google?

Depende. Si quieres diez millones de respuestas en un segundo, como Google no hay nada. Es el mejor respondiendo desde un punto de vista cuantitativo. Sin embargo, para una respuesta de calidad, puede que no sea tan bueno. Puedes preguntar a un amigo, o si buscas un libro, hablar con el librero de la esquina o el bibliotecario.

Pero eso no está en internet.

Existen también otros buscadores. No son tan rápidos, ni tan bien hechos. El buscador indio Yauba, yo no sé si es verdad, dice que va a borrar todos los registros de búsquedas que tú realizas. Garantiza un mínimo de confidencialidad o, al menos, no permanecer en el almacén del motor de búsqueda. Pero no defiendo que la gente deje de utilizar una tecnología en concreto, sino que busco concienciar a los usuarios para que sepan qué ocurre, para que conozcan la herramienta que están utilizando en cada momento. Por ejemplo, que sepan que existen programas anonimizadores. Si alguien desea no ser transparente a Google, hay programas que permiten hacerle preguntas sin que llegue a identificarte o sin que ni siquiera sepa desde qué ordenador se realiza la pregunta. Por ejemplo, está Scroogle, un servidor que se coloca entre tú y Google, impidiendo que te rastree.

Como ha hecho usted con su libro. No quiere dar la cara. ¿El anonimato en Google no da ningún problema?

Bueno, como la respuestas normalmente están hechas a medida de tu navegación, si utilizas estos programas puede que el buscador no se comporte de una forma tan certera. Evidentemente, obtendrás respuestas menos personalizadas.

¿Y no puede haber respuestas para todos?

Si se consigue una respuesta válida para todos, también sería tecnocrática, porque sólo unos pocos conocerían el método para encontrar la respuesta. Estaría muy bien, funcionaría, pero no resultaría controlable. La tecnocracia escapa de un control democrático y nosotros no estamos de acuerdo con eso.

Entonces, explíqueme qué es Google. ¿Qué sentido tiene?

Google es un proyecto muy propio de Occidente, muy propio de la Ilustración. Nace de la idea de conocer. También los hacker queremos conocerlo todo. Pero esto tiene un lado negativo, la dominación tecnocrática. Si tú posees toda la información y la atrapas sin compartirla, se instala una dominación. Necesariamente esto es un problema para los individuos y para los Estados. En el futuro habrá muchos más problemas entre Google y los estados. El estado posee el monopolio de lo que se denomina violencia legítima y, para ello, necesita tener el mayor conocimiento posible de los individuos. Pero, al menos, reconoce la existencia de un sujeto privado, admite la intimidad. Los estados se están dando cuenta de que entidades como Google o Facebook poseen más información sobre sus ciudadanos que ellos mismos. Hay una competencia clara y pronto irá a más.
 

Entrevista publicada en Gara el 28 de noviembre de 2010

 

  El lado oscuro de Google

10/12/2010 10:37:32

subscríbete