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La fidelidad al pasado no consiste en intentar repetirlo sino en «crear» como nuestras abuelas y abuelos

Intervención de Tomás Ibáñez en Can Batlló para la presentación de Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

Voy a ser bastante breve, porque me parece que lo que nos interesa aquí es, en primer lugar, y para quienes aún no hayan leído el libro, que su autor, que Pere--- y desde luego nadie mejor que él para hacerlo--- nos hable de su contenido, y nos diga de qué va el relato que nos ofrece.

Y, en segundo lugar, pues que se establezca aquí un intercambio y un debate donde podamos confluir quienes ya hemos leído el libro y quienes no lo hemos hecho.

Por mi parte, no voy a entrar, para nada, en el contenido del libro. Y ni siquiera voy a felicitar a su autor porque sé que Pere huye de los elogios y de los formalismos como de la peste. Ni siquiera voy a decir que he disfrutado mucho al leerlo y que he aprendido bastante.

Tan solo voy a desgranar algunas reflexiones que me han ido surgiendo al hilo de su lectura.

Y una primera reflexión consiste en interrogar el interés que puede representar el esfuerzo desplegado para rastrear el pasado. ¿De qué sirve indagar, meticulosamente, en acontecimientos y en situaciones que pertenecen al pasado? ¿Y de qué sirve pugnar para que esos hechos de otros tiempos no queden sepultados en el pasado?

Si esta es una posible pregunta, creo que en la respuesta convendría distinguir dos cosas, y diferenciar claramente dos modalidades bien diferentes del interés por el pasado.

Lo que prevalece en una de esas dos modalidades es, ante todo, la curiosidad histórica. Por ejemplo, puede interesarnos, rescatar e historiar las revueltas campesinas de la edad media. ¿Por qué no? Qué duda cabe de que, efectivamente, merece la pena rescatar esos acontecimientos y escribir su historia, aunque solo sea porque conocer esos episodios puede ayudarnos a entender también muchas otras cosas. Pero a lo que nos lleva esta actividad, aquello sobre lo cual desemboca es, sencillamente, a hacer “historia del pasado”.

Lo que prevalece en la segunda modalidad de rescate histórico es, a través del interés por el pasado, básicamente lo que prevalece es la preocupación por el presente. Hay acontecimientos y situaciones del pasado que engarzan muy directamente con el presente, y cuyo conocimiento o desconocimiento tiene determinados efectos sobre el presente porque, de alguna manera, aun forman parte del presente. En estos casos estudiarlos y rescatarlos no es hacer “historia del pasado”, sino hacer “historia del presente”, y hacer historia del presente implica, inevitablemente, una dimensión política.

¿Pero, cómo se sabe si determinados acontecimientos pasados aun pertenecen al presente? Pues simplemente porque siguen produciendo efectos en la actualidad y, por lo tanto, siguen existiendo, incluso aunque nadie los recuerde. El libro de Pere no es un libro de historia del pasado, es un libro de historia del presente con todo lo que esto conlleva, y es por lo tanto un libro político.

Sin embargo, cuando se hace la historia del presente, aun cabe distinguir, aquí también, dos enfoques bien distintos. Si descubrimos, por ejemplo, un lugar donde hace algún tiempo ardieron las llamas de las revueltas, podemos acercar una lupa a los rastros de las brasas que aun puedan quedar, y espolvorearlas delicadamente con finos cepillos, como lo hacen los arqueólogos, para verlas con mayor nitidez.

O, por lo contrario, podemos soplar sobre ellas hasta reventar nuestros pulmones, con la secreta esperanza de que esas brasas se reaviven y vuelvan a prender. Se trata sin duda de dos maneras bien distintas de enfocar la historia del presente, y el libro de Pere pertenece claramente a la segunda.

El primer enfoque, el que consiste en mostrar simplemente ese pasado que aun afecta al presente, es trabajo de historiador, de historiador puramente académico, y académico tiene en mi boca connotaciones bastante despectivas. El segundo enfoque es trabajo de historiador comprometido, o mejor dicho, conscientemente comprometido, porque el trabajo del primero también está políticamente comprometido, por mucho que este pretenda negarlo. Soplar con fuerza sobre las brasas con la secreta esperanza de que se reaviven. Sí, claro, pero aquí surge nuevamente una disyuntiva, otra más, la tercera, pero también la última que voy a plantear.

¿Reavivarlas para que se repita en el presente lo que aconteció en el pasado? Esta es, en efecto, una alternativa que no deja de ser seductora, muy seductora. Rescatar y mostrar el pasado para que aquello que un día ocurrió vuelva por fin a pasar nuevamente. Para que se repita en el presente lo que ayer agitó el pasado.

Sin embargo, admitiendo que esto fuese posible, que obviamente no lo es aunque solo sea porque el contexto es otro, resulta que tampoco sería una cosa deseable.

Pero hay una segunda alternativa, porque dar nueva vida nunca puede consistir en repetir, la repetición es, precisamente, lo contrario de la vida, es lo propio de lo que ya está muerto.

Para hacer revivir hay que innovar, no hay más remedio que inventar, la fidelidad al pasado no consiste en intentar repetirlo, sino en ser capaces de levantar en el presente algo tan original como lo que se consiguió levantar en el pasado. La fidelidad consiste en saber “crear”, cómo nuestras abuelas y abuelos, supieron hacerlo en su momento. Pero además, resulta que no solo supieron crear un tipo de lucha sino que supieron forjar las armas adecuadas para que fuese exitosa.

Pues, bueno, conocer con precisión lo que hicieron los “protagonistas del montón”, como dice Pere, y recordarlo con detalle, es quizás lo de menos. Lo que de verdad importa para el presente es que se sepa que, estando como lo estaban totalmente desprovistos de medios, aun así tuvieron la osadía de atreverse a luchar, y sobre todo que se sepa por qué y cómo lo hicieron.

Pues, muy sencillamente: desde abajo, yendo a por todo, auto organizándose y creando comunidad, paso a paso, con una larga paciencia porque la revolución estaba, y sigue estando, en el día a día, en la reivindicación y en la defensa de la cotidiana dignidad, en el transformar realidades transformándose a una-misma, en el hacer haciendo, luchando y construyendo estructuras, ¡no de Estado, por supuesto!, sino de sociedad alternativa.

Reavivar esas brasas no consiste en otra cosa que en hacer precisamente todo esto, en el presente.

 

 

  Rastros de rostros en un prado rojo (y negro)

 

31/10/2013 17:34:56

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